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domingo, 29 de septiembre de 2013

Ahora que está tan sola la soledad...


Joaquín Sabina
por Guillermo Malagamba Triana
En la carrera de todo músico veterano podemos encontrar diferentes etapas. Con altibajos, con éxitos y fracasos. A veces el artista que ha envejecido dignamente se encuentra súbitamente con una segunda juventud. A Sabina le ha pasado esto a los cincuenta años. Se encontró con un éxito atronador y rotundo. De repente un cincuentón compartía espacio en programas musicales destinados para la juventud con los cantantes y ritmos de moda, cosa que descolocó a muchos, algo tenía que haber pasado.

Y efectivamente pasó. El jienense concibió uno de sus discos más importantes. Para muchos no es el mejor de su carrera, pero desde luego sí que es el mejor que ha hecho en los últimos diez años. Y paradójicamente lo ha hecho ampliando sus márgenes de maniobra, dejando a un lado el rock and roll que siempre le ha acompañado para valerse de ritmos mexicanos y argentinos, de rumbas y ritmos de whiskería polvorienta.

Pero también están las letras. Sabina escribe las letras más lúcidas de su carrera. Por fin ha dado con la tecla para gustar a propios y a extraños. Deja el regusto amargo donde y cuando quiere. Se vuelve crítico haciendo sonreír al personal. Conmueve al tiempo que guiña convincentemente a quién le parece. La madurez le sienta bien. Él es consciente de ello y se atreve a compararse con Bob Dylan, diciendo que ambos escriben mejor en la madurez.

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