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lunes, 27 de diciembre de 2010

El año del Gato ... y de los ratones


Cuba: Escenarios para el año del gato obligado a cazar ratones
Por Eugenio Yáñez, Antonio Arencibia/ Cubanálisis-El Think-Tank

2011 es el año del Conejo y del Gato en el calendario lunar chino. Y el gato, como se sabe, caza ratones, sin que importe su color. ¿Podrá cazar ratones el gato neocastrista en el 2011? Si no lo hace, no tiene opciones: todo se acaba. Y no es que lo diga Cubanálisis. Lo dijo Raúl Castro: “O rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos”.

El año que termina, año del Tigre en el zodíaco asociado al calendario chino, está siendo testigo de una profunda transformación en los escenarios cubanos y la conformación de muchas nuevas realidades en el país, del paso a segundo plano de primeras figuras y el ascenso de otras hasta el momento secundarias o desconocidas, de cambios de paradigmas en el escenario nacional, de valoraciones diferentes sobre los protagonistas, las realidades y las perspectivas, y de la demostrada insuficiencia de mucha prensa y academia en todas partes para valorar lo que está sucediendo en el país en las nuevas circunstancias y los caminos por los que se enrumban las decisiones y los proyectos.

Lo más fácil, y que además de cómodo es a la vez lo más irresponsable, es considerar que nada de lo que está intentando hacer el régimen sirve para nada y no conduce a ninguna parte: con estas posiciones, además de desentenderse expeditamente de la realidad, se puede ocultar mejor la supina ignorancia de la temática cubana contemporánea por parte de quienes se venden como conocedores profundos del tema aunque sean incapaces de moverse desde 23 y 12 hasta La Rampa sin un mapa en la mano, o más exactamente, sin un GPS en el carro rentado.

Por otro lado, parte de la academia se ha dedicado a buscar la solución correcta para el problema equivocado: dejando claro, ciertamente, que los proyectos del régimen no conducen ni a la democracia ni al Estado de Derecho, algo que, por su parte, el régimen nunca ha declarado ni mucho menos pretendido, y nos explican en detalle lo que habría que hacer para que Cuba se convirtiera en una democracia bajo el imperio de la ley.

Sin embargo, basta un manual de economía de Samuelson, o un texto de Milton Friedman o de cualquier Chicago Boy, para comprender que el engendro del neocastrismo no funcionaría en un país democrático con economía de mercado, pero eso no significa que necesariamente no pueda ser de utilidad en el Titanic que se hunde o en la granja de Pepe, donde comer picadillo de carne de res, además de ilegal, puede ser imposible.

Sin dudas esos documentos elaborados por la academia son valiosos y fundamentados, y tal vez resulten de gran utilidad en las aulas, aunque no tienen nada que ver con la realidad de lo que en estos momentos está sucediendo en Cuba, ni facilitan entender mejor lo que se cocina en La Habana por estas fechas, porque no tienen nada que ver con la realpolitik.

Tendrán utilidad práctica cuando el país decida realmente enrumbarse a la modernidad democrática occidental, pero en estos momentos son como la ruta crítica para un viaje a la Luna que se le pretende explicar a cubanos de a pie cuyo problema fundamental es, fuera de Cuba, mantener sus trabajos y ayudar a sus familiares en la Isla, y dentro de Cuba, encontrar algo que poner en la mesa para la cena de esta noche.

¿Entenderá algún día esta academia encaramada en las nubes que la merluza congelada y la carne rusa enlatada que enviaban los soviéticos a Cuba, que sería imposible vender en un supermercado de Miami por su despreciable calidad, se consideraría un plato de lujo en la mesa de los cubanos de hoy? Si no pueden entenderlo, o ni saben lo que son esos productos, no quedaría más remedio que decir que están hablando sin fundamentos.

Mucha prensa libre, por su parte, también se mantiene a años-luz de la realidad.

Mientras en La Habana el vicepresidente del consejo de ministros y ministro de economía y planificación declara, con la aprobación de Raúl Castro, y entre aplausos, que el Estado puede regular las relaciones con la población, pero no las relaciones entre la población; que no tiene sentido pretender imponer precios tope a los servicios que brinden los cuentapropistas y cooperativistas a la población; o que el plan de inversiones no se ha cumplido nunca durante el siglo XXI.

Y mientras se conoce por cables filtrados por Wikileaks que la sección de intereses de Estados Unidos en La Habana tiene criterios muy duros sobre la disidencia histórica cubana, ¿de qué habla la prensa de Miami?

En la sección Cuba de El Nuevo Herald, diario míamense que se edita en el corazón del exilio cubano y continuamente consulta “expertos”, se destaca como noticia principal en esos momentos una grosera polémica entre dos boxeadores, uno de ellos nicaragüense, que insultó a su rival comparándolo con “una prostituta cubana de la Calle Ocho”.

Posteriormente, ese periódico califica primero de “apocalíptico”, y después de “desesperado”, el crítico, realista y cínico discurso de Raúl Castro en la Asamblea Nacional hace unos días, que muestra de todo menos desespero.

O deja pasar sin mucho destaque el hecho de que China, con garantías otorgadas por Hugo Chávez con petróleo venezolano, invertirá seis mil millones de dólares en tres años para la ampliación del polo petroquímico de Cienfuegos, la mayor inversión en Cuba en todos los años del poder revolucionario.

De la misma manera que en los últimos tiempos dedica menos espacio al tema Cuba en la sección de “Opiniones”, quién sabe con qué criterios, pero es una decisión del periódico que respetamos, lo que no significa que debamos apoyarla o simpatizar con ella.

Naturalmente, El Nuevo Herald y cualquier órgano de prensa tiene todo el derecho del mundo a establecer la política editorial que considere más apropiada a sus intereses, y todos nosotros el deber de respetarla, porque afortunadamente vivimos en una democracia. Lo cual no garantiza de manera automática que tales publicaciones puedan ser consideradas una autoridad en el tema cubano ni mucho menos, pues si siguen pretendiendo hacer felices a determinados lectores corren el gran riesgo de no ser consideradas publicaciones objetivas, aunque esa es una decisión que corresponde a la dirección de cada periódico y a nadie más.

Mientras tanto en La Habana, en la siempre unánime y domesticada Asamblea Nacional del Poder Popular, aunque se declare exactamente lo contrario, se está procediendo a realizar el funeral de Fidel Castro y Che Guevara por todo lo alto, disfrazado con muchas coronas de flores cuyas cintas saludan la “actualización del modelo”,

No es problema solamente de la prensa escrita de Miami, sin embargo. La agencia española EFE y la francesa AFP muchas veces envían despachos cargados de imprecisiones, errores, y en muchas ocasiones enfoques que resultan del agrado del régimen. En la radio y televisión en español abundan los dislates de muchos participantes. Centenares de blogs sobre Cuba en el ciberespacio no logran mínima seriedad. Y ganan terreno en general tremendistas, farsantes y mentirosos, que siempre tienen “fuentes” en los más altos niveles del poder en la Isla que, jugándose la vida en el intento, les dejan saber a ellos, y solamente a ellos, lo que se discutió esa mañana en los conciliábulos de La Rinconada y Punto Uno.

En estos momentos el régimen está enfrascado en el proyecto económico más serio, integral, completo y meditado que se haya intentado durante medio siglo en el poder de la llamada revolución cubana, y aunque ello en sí mismo no garantiza para nada el logro de los objetivos que se propone, es un fenómeno que no puede subestimarse, y mucho menos ignorarse, si se pretende entender lo que está sucediendo y lo que puede esperarse de su aplicación, que ya ha comenzado.

Quienes se limitan a los titulares de la prensa y se dejan guiar por la retórica mística del régimen, seguirán insistiendo en que la “actualización del modelo” es más de lo mismo, y nada más. Aunque dista mucho de ser más de lo mismo, porque es todo lo contrario, y en estos momentos el “socialismo” en Cuba, en el plano económico (no en el político) tiene más que ver con “los revisionistas” Kautsky y Bernstein que con Marx y Lenin.

Por eso, precisamente, los titulares y la retórica del régimen no son suficientes para analizar y entender las realidades de un entorno oficial donde a los desempleados se les llama “disponibles”, al caos total, “dificultades”, y a las prostitutas, “jineteras”.

¿Cuántos de los “expertos” en temas cubanos se han leído en detalle la información y las versiones taquigráficas sobre el análisis de tres días de los Lineamientos Económicos y Sociales en la reciente sesión de diciembre de este año en la siempre unánime Asamblea Nacional del Poder Popular?

¿Cuántos han estudiado a fondo las intervenciones de la nueva estrella del firmamento económico oficial cubano, Marino Murillo, vicepresidente del consejo de ministros, ministro de economía y planificación, y “coordinador” del nuevo proyecto económico, quien en estos momentos se puede dar el lujo de aclararle “dudas” públicamente a José Ramón Machado Ventura, o de ser el orador principal durante tres días de sesiones del “parlamento” del régimen?

Sin conocer esa información en detalle cualquier conclusión que se elabore pecaría de irresponsable y errada, sin apelaciones. Cualquier otra cosa es paisaje, y nada más que paisaje, con total independencia de las prestigiosas firmas que puedan suscribir determinadas conclusiones.

Sin embargo, dejemos por ahora a la prensa manca y la academia en las nubes para presentar nuestra percepción sobre los nuevos escenarios cubanos que se han conformado durante este año del Tigre que termina, según el horóscopo chino, y los que se perfilan para el 2011, año del Gato.

Y no por gusto se hace referencia al horóscopo chino: es un momento en que el régimen se preocupa menos del color del gato dictatorial que del hecho de que tiene que comenzar a cazar ratones lo más rápidamente posible.

LOS NUEVOS ESCENARIOS CONFORMADOS DEL AÑO DEL TIGRE

Al empezar el año del Tigre (2010) que ya termina, el tigre totalitario cubano tenía menos rayas que las supuestas y siempre anunciadas rimbombantemente, y se parecía mucho más al tigre de papel que mencionaba Mao Zedong.

Situaciones inesperadas, y no coordinadas entre los protagonistas, habían puesto en crisis la imagen internacional del régimen y sus perspectivas de beneficiarse del levantamiento sin condiciones de la Posición Común de la Unión Europea y del relajamiento de diversas restricciones del embargo por parte de la administración norteamericana.

El detonante se produjo con la muerte “cruel y evitable” de Orlando Zapata Tamayo tras más de ochenta días de huelga de hambre en las ergástulas del régimen. Aunque no era la primera muerte en estas condiciones en las prisiones castristas, este caso tuvo una gran repercusión internacional, sin precedentes, y crispó no solamente a todos los gobiernos democráticos de Europa, sino también a buena parte de la izquierda internacional. Como va siendo lamentablemente habitual, los gobiernos de América Latina emitieron tibias declaraciones o callaron vergonzosamente.

Los intentos del régimen por descalificar a Zapata Tamayo como un vulgar “delincuente común” cayeron en saco roto y le restaron credibilidad. La infortunada declaración del presidente brasileño, que se encontraba en Cuba al producirse la muerte del prisionero, comparándolo con los malandros de su país, lejos de restarle estatura al mártir, se la restó a Lula da Silva, que tuvo que enfrentar la repulsa en Brasil, aún de parte de algunos integrantes de su propio partido.

Para complicar las cosas, inmediatamente Guillermo Fariñas decidió comenzar una huelga de hambre, que posteriormente fue también de sed, exigiendo la liberación de un grupo de prisioneros de conciencia que se encontraban gravemente enfermos.

Poco a poco la noticia de esa nueva huelga fue ganando presencia en la prensa internacional, gracias al ambiente ya caldeado por la muerte de Zapata Tamayo, y se sucedían entrevistas de los órganos de prensa y agencias de noticias extranjeras al inveterado huelguista, que recurría a esta acción tras veintidós intentos anteriores por diferentes razones.

El mundo, y el régimen, comprendieron que la actitud de Fariñas podría derivar en otra muerte por huelga de hambre, y ambas partes intentaron evitarla, cada una a su manera: el mundo reclamando solidaridad con Fariñas, y el régimen ingresándolo en un hospital para darle atención médica y alimentarlo por vía parenteral para tratar de evadir su responsabilidad.

Semanas después, cuando las Damas de Blanco decidieron salir pacíficamente a la calle siete días seguidos en ocasión del séptimo aniversario de la “Primavera Negra” del 2003, que llevó a prisión a 75 prisioneros de conciencia, el régimen decidió reprimir las manifestaciones pacíficas con toda la brutalidad de que es capaz, movilizando las turbas de “pueblo enardecido” para golpearlas e insultarlas.

Sin embargo, cometió un grave desliz, pues le falló la impunidad a la que siempre ha estado acostumbrado, ya que de inmediato dieron la vuelta al mundo fotos y videos mostrando las golpizas y patológica furia de los “enardecidos”, ante la pasividad de las fuerzas del orden, y quedó al descubierto la complicidad del régimen con la escoria revolucionaria que recurría a la brutalidad ante la falta de razones y argumentos.

Nuevamente Europa, e incluso parte de la izquierda del Viejo Continente, saltaron indignados por la brutalidad de la acción, y otra vez casi toda América Latina se mantuvo tímida y pasiva, atrapada en el mito revolucionario de la salud pública y la educación gratuitas en Cuba, y recurrió al tema del bloqueo para evitar condenar a la dictadura.

Tanta tensión y crispación se produjeron que la Iglesia Católica decidió intervenir, pues como se pudo conocer posteriormente a través de las filtraciones de Wikileaks, la Santa Sede temía desde antes que en Cuba se produjera un “baño de sangre” con el deterioro de la situación.

Tras una reunión sin precedentes entre el gobernante Raúl Castro, a quien ya en esos momentos la presión internacional iba poniendo contra la pared, y la alta jerarquía de la Iglesia Católica cubana, se informó por el arzobispo de La Habana y cardenal Jaime Ortega que el régimen no reprimiría a Las Damas de Blanco en sus desfiles dominicales por el área de Quinta Avenida donde acostumbraban a hacerlo: en honor a la verdad, hay que señalar que nunca se habló de otros momentos ni otros lugares “autorizados” para sus pacíficos desfiles.

Además, y mucho más importante, se anunció por la jerarquía de la Iglesia Católica en Cuba que el régimen “liberaría” a los cincuenta y dos prisioneros de conciencia que quedaban en prisión desde las jornadas de la “Primavera Negra” del 2003 (el resto había recibido licencias extra-penales por motivos de salud).

Posteriormente, se supieron detalles. El régimen aseguraba que los presos políticos a “liberar” no serían solamente los del grupo de la “Primavera Negra”, sino “todos” los que no estuvieran involucrados en hechos de sangre.

Y también se pudo saber que en realidad no serían “liberaciones” incondicionales, como correspondería en pleno derecho, sino simplemente “excarcelaciones” con licencia extrapenal condicionadas al destierro a España, a pesar de todos los esfuerzos del “inexperto” y ya hoy defenestrado canciller español Miguel Ángel Moratinos para dorar la píldora ante la opinión pública española e internacional, pues la opinión de los cubanos nunca le importó al obtuso canciller.

Más de seis meses después de aquel anuncio, siguen en las cárceles cubanas todos los prisioneros de conciencia que no aceptaron el destierro como condición de su excarcelación, menos Arnaldo Ramos Lauzerique, aunque han sido excarcelados para destierro varios otros prisioneros vinculados con hecho violentos.

Aunque el señor Cardenal sigue confiando en que será cumplida la “promesa” que recibió del régimen para excarcelarlos a todos, está por verse qué va a suceder, así como el destino de todos los otros prisioneros políticos que no fueron encarcelados durante la Primavera Negra. Ariel Sigler Amaya fue el excarcelado que se encontraba en las peores condiciones de salud, paupérrimas, y solamente su traslado a Miami a recibir atención médica le salvó la vida y le devolvió esperanzas de vida y de rehabilitación física.

En medio de las tensiones políticas que se incrementaban en el país con esos hechos, el régimen preparó un amplio proyecto de reformas de fondo para el funcionamiento de la economía, que anunciaría después (aunque nunca bajo ese nombre), que requiere llevar a los cubanos a situaciones radicalmente diferentes a las que han imperado en todo el período revolucionario.

Mientras preparaba el terreno para esas transformaciones ya había surgido una gran crispación social ante la creciente insistencia del régimen sobre la supuesta conducta de los cubanos actuando como “pichones”, esperando que todo llegara automáticamente de “Papá-Estado”, lo que había comenzando como toda una campaña de propaganda oficial desde el 2009.

Después de casi medio siglo considerando a Fidel Castro como “el papá de todos los cubanos”, y a cargo de cada uno de los detalles, el gobierno de Raúl Castro los comenzaba a culpar de indolentes, flojos y acomodados. En fin, un pueblo de “vividores” que pretendía que el Estado resolviera todos sus problemas, en vez de un Estado de “vividores” que pretendía ahora que el pueblo resolviera todos los problemas de ellos como gobernantes ineptos.

Mientras el régimen el régimen preparaba el terreno para esas transformaciones se empezaba a sentir el disgusto social frente a la creciente insistencia de los dirigentes sobre la supuesta conducta de los cubanos de vivir como “pichones”, esperando que todo se los proporcionara “Papá-Estado”.

El punto álgido de la tensión social lo constituyó el anuncio del general Castro en el congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, en abril del 2010, de que más de un millón doscientos mil empleados lastraban las plantillas de trabajadores estatales, y que serían declarados “disponibles” para reubicarlos en otras actividades o que trabajaran por cuenta propia. Dicho en cubano, serían cesanteados y deberían arreglárselas como pudieran. De esta cifra, casi medio millón iría a la calle durante el primer trimestre del 2011.

Sorprendentemente, a pesar de ese anuncio estremecedor, el régimen se las ingenió para celebrar el tradicional desfile del primero de mayo en la Plaza de la Revolución sin grandes contratiempos, aunque no faltaron en la prensa manca quienes declararan que la asistencia había sido menguada y el entusiasmo estaba por el suelo. El problema de esos observadores es que, simplemente, no quieren o no pueden conocer la capacidad de simulación de los cubanos –o los ciudadanos de cualquier país- bajo un régimen totalitario.

Paralelamente, la oficialista Central de Trabajadores de Cuba, la única permitida, no tardó en dar el espaldarazo al régimen, solicitando a sus supuestos protegidos el apoyo incondicional y sin limitaciones a todas las medidas anti-obreras que se preparaban.

Mientras todo esto sucedía día tras día, el papel de Fidel Castro era cada vez más difuso y abstracto, a pesar de su desespero mediático a través de sus continuas reflexiones en la prensa y su patológica necesidad de protagonismo.

Independientemente de su evidente deterioro mental, sus intentos por obtener a toda costa el premio Nóbel de la Paz (gracias a un trasnochado proyecto de la izquierda enferma), fracasaron estrepitosamente, y para su mayor desgracia el Nóbel lo obtuvo finalmente el encarcelado disidente chino Liu Xiaobo, mientras el Comandante ni siquiera fue nominado.

A pesar de las confusiones de tantos despistados, que le siguen considerando el verdadero poder en Cuba, Fidel Castro se extingue lentamente, aunque echando mucho humo, como vela barata.

Resulta cada vez más solo una referencia folklórica de la mitología revolucionaria cubana, como lo son hoy Mao Zedong en China o Ho Chi Minh en Vietnam, y no va a incidir más que con su silencio aquiescente en las transformaciones que ha cocinado su hermano menor para dar forma al neocastrismo y poder asegurar una sucesión sin sustos ni profanaciones.

Tras sus declaraciones de que “el modelo cubano no funciona ni siquiera para nosotros”, con un posterior inmediato desmentido que enredó más las cosas, y su ya antológica frase de que “yo no estoy aquí como primer secretario del partido”, cuando un estudiante le preguntó algo sobre el próximo congreso del PCC, quedó claro –menos para los despistados de siempre- que tal vez en un futuro podríamos ver una foto oficial de Fidel Castro en un McDonald’s habanero del neocastrismo, pero nunca más será visto ejerciendo el poder real en Cuba, jamás.

Como ya había dicho Cubanálisis en abril del 2007, mientras ilusos y “ojalateros” querían verlo en el desfile habanero del primero de mayo: “no hay regreso para Fidel Castro”.

Mucho más importante que lo que pueda decir el periodismo farandulero sobre un supuesto regreso o la presencia del anciano dictador dentro del verdadero círculo de poder del neocastrismo, es el todavía ignorado (por esa misma prensa) ascenso silencioso y discreto, pero efectivo, del Coronel Alejandro Castro Espín, hijo del general Raúl Castro, como coordinador y encargado del control de la agenda de trabajo de su padre, desde su condición de asesor del Consejo de Estado. Esa posición le da gran ascendencia sobre todo el aparato gubernamental del régimen y sus funcionarios, y le ha convertido en estrella en ascenso entre los eventuales sucesores de la gerontocracia, una vez que se hayan producido los Grandes y Muy Gloriosos Funerales.

Cercano a él, está el “benjamín” general de tres estrellas Álvaro López Miera, “hijo adoptivo” de Raúl Castro, viceministro de las fuerzas armadas y jefe de su Estado Mayor General, que en enero de 1959 tenía quince años de edad, pero ya era “veterano” en la tropa de Raúl Castro. Ese otro personaje en ascenso es una garantía de una sucesión neocastrista sin traumas, garantizando el poder militar en apoyo al coronel-intelectual Alejandro, quedando así todo en familia.

Y el soporte tecnocrático-económico para tal efectiva sucesión neocastrista ya desde ahora lo está aportando, con evidente apoyo público de Raúl Castro y la alta jerarquía del régimen, el coronel Marino Murillo desde sus cargos de vicepresidente del consejo de ministros, ministro de economía y planificación y, además y fundamentalmente, de coordinador del proceso de implementación de los Lineamientos Económicos y Sociales que serán aprobados en el congreso del partido comunista que se realizará, según anuncio, en abril del 2011.

El señor Murillo ha recibido hasta el momento menos poderes formales, pero mucho más reales, que los que en los años setenta del siglo pasado otorgó Raúl Castro al entonces presidente de la Junta Central de Planificación, Humberto Pérez, quien alcanzó hasta ser miembro suplente del buró político del partido. Pero mientras el señor Pérez debió enfrentar la resistencia nada disimulada de Fidel Castro al tratar de implementar en 1976 el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía, el coronel Murillo no tiene que preocuparse en estos momentos de un Comandante que pueda interferir.

¿Y Machado Ventura, “amigo” de Raúl Castro, y supuesto segundo al mando? Bien, gracias. Seguirá en su actividad burocrática, declarando en todas partes que la eficiencia y la calidad son fundamentales, mientras que su importancia e influencia irá declinando en la práctica en la medida que vaya declinando la total intromisión e injerencia del partido en los asuntos de la economía.

Esto lo proyecta el nuevo programa, que tiene mucho más de socialdemocracia (en la estructura y las relaciones económicas) que de comunismo o socialismo leninista-estalinista.

¿Y el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés? ¿Y los generales históricos de la gerontocracia? Bien, gracias. Seguirán siendo la garantía del poder y la seguridad de que los tanques saldrán a la calle si es necesario, y obedecerán disciplinadamente las órdenes del general-presidente.

Raúl Castro los va mencionando, sin venir al caso, en el discurso en la Asamblea Nacional, para ratificar que son los suyos, y lo hace tan claramente que no necesita ni mencionar nombre y apellidos:

“Guillermo [García] venía ahí con Fidel y otros de los que están presentes: [Abelardo] Colomé, Ramiro [Valdés] vino con el Che, Polito [Cintras Frías] vino con Fidel. Álvaro [López Miera] no sé qué hizo, tenía 15 años. ¿Te quedaste allá o viniste también? (Dice que se quedó en Santiago.) Te quedaste en Santiago; hiciste bien, porque tú eres santiaguero. (…) …se fue [Antonio Enrique] Lussón que era jefe de una columna más poderosa, de la cual formaba parte Colomé; Belarmino [Castilla] iba ahí en la otra columna, a Efigenio lo montamos en algunos aviones viejos que le ocupamos a Batista, para que llegara y ocupara la policía en La Habana. Efigenio Ameijeiras era el jefe de la Columna 6, frente a Guantánamo, y lo había hecho jefe de tres columnas que rodeaban a la ciudad que pensábamos tomar el 2 de enero”.

Y un poco más adelante señala sobre su actual segundo al mando y persona de su entera confianza:

“Entonces, digo: "Bueno, voy a llamar a mi amigo Machado a ver qué hay", y cuando llamo al Palacio y pregunto por Machado, dicen: "No, Machado se fue de aquí hace tanto tiempo."Digo: "¿Dónde se metió Machado?" Y me lo encuentro de médico en el municipio La Habana, ¿era así? (Responde que sí.) Es decir que lo califiqué como el primer desertor de las modernas Fuerzas Armadas Revolucionarias (Risas). Menos mal que con su trabajo después limpió esa afrenta.

Después de reírnos un poco a costa de Machado, mi amigo, vamos a continuar”.

Es conveniente que los especialistas tomen nota sobre el círculo más íntimo de Raúl Castro en el poder, donde solamente le faltó mencionar al general Julio Casas, hoy ministro de las fuerzas armadas. Así tal vez podrían evitar despistarse tan a menudo y especular absurdos: no hay nadie en el círculo más íntimo sin estrellas en las charreteras de sus uniformes, aunque en ocasiones se vistan de civil.

El resto, todo, es paisaje

No importa quien jure lo contrario, ni el aspaviento de la prensa especializada en asuntos sin importancia.

EL POLLO DEL ARROZ CON POLLO NEOCASTRIST

El pollo del arroz con pollo neocastrista, la verdadera sustancia, es la reforma económica, que ellos se empeñan en llamar “actualización del modelo socialista” por aquello del prurito totalitario con la retórica y las apariencias.

El resto todo es paisaje, escenografía y adornos, desde la venta de teléfonos celulares y computadoras hasta la excarcelación con destierro de prisioneros de conciencia, difuminar la “batalla de ideas”, luchar por los cinco espías de la “Red Avispa”, o rehabilitar post mortem al escritor José Lezama Lima después de haberlo sometido al escarnio y el ostracismo durante muchos años.

Y aunque algunos consideran que un esfuerzo de ese tipo en la economía no tiene sentido sin abordar al mismo tiempo asuntos políticos y sociales, nadie debería desconocer que en la Cuba revolucionaria todo, absolutamente todo, es, en primerísimo lugar, un asunto “político”, trátese de economía, cultura, deportes, radiodifusión, ciencia, campismo, pronóstico del tiempo o ballet.

Lo único que garantiza la supervivencia del proyecto neocastrista de sucesión tranquila y sin profanaciones o reconsideraciones ulteriores es la consolidación de la economía y la superación definitiva del caos político-económico-social heredado del casi medio siglo de fidelismo.

Y en ese camino el general Castro no ha vacilado en exigirle en el 2010 la renuncia a tres miembros del Buró Político, dos de ellos ministros (Industria Básica y Transporte) y el otro un dirigente partidista de la capital, a causa de su mal trabajo, y anunciarlo públicamente, sin sonrojarse, así como continuar sustituyendo altos funcionarios cada vez que lo considera conveniente.

Sin embargo, aunque tuvo que destituir al ministro de Salud Pública por el sonado escándalo de los pacientes siquiátricos muertos de frío y abandono a comienzos del 2010, no le exigió la renuncia del Buró Político a ese funcionario, que tuvo grados de comandante en la lucha guerrillera, y tras unos meses de discreto silencio volvió a resurgir como dirigente político, interviniendo en actividades partidistas sobre el tema de salud pública.

Porque aunque todos los cuadros subordinados sean iguales para el general, algunos son más iguales que otros en el neocastrismo, y cuando se trata de veteranos de la tropa guerrillera el tratamiento es diferente: al fin y al cabo, comenzaron juntos hace más de medio siglo.

Así que, para quienes no lo sabían, hay que olvidarse de la crítica abierta del descalabro creado por Fidel Castro: el neocastrismo nunca lo hará, en primer lugar porque todos son cómplices en una u otra medida, y en segundo lugar porque al deslegitimar al Comandante se estarían deslegitimando a sí mismos. La estrategia se basa en intentar detener el inminente naufragio sin execrar para nada al principal responsable.

Para entrar en materia de las reformas, digamos que podemos coincidir con lo que han dicho algunos dentro de la misma izquierda revolucionaria de Cuba, que “en realidad los lineamientos parecen más un documento para disciplinar la economía que para favorecer el desarrollo”.

Y es así porque no se puede hablar de decorar el Titanic en el momento en que se está hundiendo: ya ni siquiera se toca el vals. El régimen necesita, ante todo, y urgentemente, disciplinar el manicomio y evitar la caída libre y sin control de la economía, antes de pensar en su avance.

Salvando las distancias, y comparativamente hablando, la crisis que tuvo que heredar bruscamente Raúl Castro en el 2006 tras la enfermedad de su hermano era mucho más extensa, profunda y compleja que la crisis económica que debió enfrentar el presidente Barack Obama al asumir la presidencia de Estados Unidos en 2008.

Y el general tuvo que hacerlo, además, en un país en quiebra total, sin instituciones, sin legalidad, sin disciplina, sin espíritu de trabajo, y totalmente desorganizado tras casi medio siglo de arbitrariedades del irrefrenable Comandante.

Es cierto que el raulismo está corriendo un gran riesgo con este proyecto de reformas, pero habría que preguntarse cuál es el gobierno en el mundo que no corre riesgos al gobernar.

Y más importante aún, hay que entender que era mucho más riesgoso no hacer nada, y mantenerse en el inmovilismo raigal, que intentar cualquier otra cosa.

Con su mentalidad de militares, Raúl Castro y la gerontocracia se han educado en el principio de que la peor decisión que se puede tomar en cualquier asunto es no tomar ninguna y esperar a ver qué pasa, y dentro de esa cultura militar han actuado con el proyecto de “actualización del modelo”.

Lo primero que hay que decir de este proyecto de reforma es que, sin mencionarlo ni de lejos, entierra cuatro metros bajo tierra las ideas tanto de Fidel Castro como del Che Guevara, lanzando por la borda, y con la intención de que sea para siempre, la mística revolucionaria, el igualitarismo y la ideología del hombre nuevo, que ya no se pretende ni se necesita, pues para este proyecto basta que los cubanos sean simplemente trabajadores con disciplina y productividad, movidos por el hasta ahora considerado perverso interés económico de prosperar y vivir mejor gracias al trabajo honrado y esforzado.

No importa lo que se diga en La Habana, ni cuantas veces Raúl Castro cite a su ya casi difunto hermano a la hora de defender la “actualización” del nuevo modelo: la retórica no mueve montañas ni alimenta cubanos.

Dígase lo que se diga, en los tres días de discusiones y “aclaraciones de dudas” durante la sesión de diciembre de este año de la Asamblea Nacional, las palabras marxismo-leninismo fueron pronunciadas como referencia histórica, de prisa y sin mucho énfasis, o brillaron por su ausencia durante el cónclave. Lo mismo puede decirse, incluso, de las referencias al héroe nacional José Martí.

Ahora se trata de un juego muy diferente al que siempre se había jugado en el país: el mensaje está muy claro.

No importa lo que se hable para la galería, la televisión, o los bobos de la izquierda llena de odio y enferma de rencores: intente, el que lo desee, conciliar el texto de “El socialismo y el hombre en Cuba”, de Che Guevara, o el moralismo hipócrita de Fidel Castro durante más de cuarenta años, con esto que dijo el general-presidente a los siempre unánimes diputados cuando se discutían los proyectos de lineamientos:

“Abundando sobre el necesario cambio de mentalidad mencionaré un ejemplo: si hemos arribado a la conclusión de que el ejercicio del trabajo por cuenta propia constituye una alternativa más de empleo para los ciudadanos en edad laboral, con el fin de elevar la oferta de bienes y servicios a la población y liberar al Estado de esas actividades para concentrarse en lo verdaderamente decisivo, lo que corresponde hacer al Partido y al Gobierno en primer lugar es facilitar su gestión y no generar estigmas ni prejuicios hacia ellos, ni mucho menos demonizarlos, y para eso es fundamental modificar la apreciación negativa existente en no pocos de nosotros hacia esta forma de trabajo privado”.

Cambio radical de estrategia: de la misma manera que en su momento “la gusanera” se convirtió en “la comunidad cubana en el exterior” cuando fue imprescindible su dinero, a partir de ahora, en medio de la gran crisis en el país, no habrá “merolicos”, “macetas” ni “bisneros”, ya no se hablará continuamente de gente “enriqueciéndose a costa del sudor del pueblo”, porque ahora serán trabajadores por cuenta propia que no deben ser estigmatizados o demonizados, que constituirán no solamente una alternativa más de empleo y elevación de la oferta de bienes y servicios a la población, sino también una fuente de ingresos del gobierno, vía impuestos. Pura dialéctica.

Y eso, a pesar de su claro carácter oportunista motivado por la crisis, constituye una declaración total y absolutamente hereje y “subversiva” para el catecismo fidelista-guevarista.

Después de este cambio radical, ¿alguien se puede atrever a tratar de explicar la presencia o vigencia del pensamiento de Fidel Castro o Che Guevara en el espíritu de los Lineamientos? Alguien que pretenda hacerlo en serio, naturalmente, no lo que Raúl Castro se sienta obligado a declarar en un discurso, ni lo que puedan intentar momias ideológicas como Armando Hart o Raúl Valdés Vivó.

¿Qué tienen que ver Fidel Castro o Ernesto Che Guevara con estas palabras de Raúl Castro?:

“…en las relaciones entre dos individuos no se tiene que meter el Estado, ni el gobierno, ni nadie. ¿Por qué tenemos que meternos en la vida de la gente?”

Marino Murillo ha declarado en la Asamblea Nacional, en presencia de Raúl Castro y toda la gerontocracia, que “no nos pueden preocupar los ingresos de los que trabajan si son altos. Todo el ingreso que viene del trabajo, bienvenido sea”.

Si eso recuerda a alguien la famosa consigna “enriqueceos”, de Bujarin en la Unión Soviética, o aquello de “enriquecerse es glorioso”, de Deng Xiaoping en la China post-maoísta, se puede estar seguro de que no es ninguna casualidad.

Aunque se insiste, se jura y se perjura que “el Socialismo es la única garantía para seguir siendo libres e independientes” y garantizar la prosperidad y soberanía de los cubanos, en la forma que está manejando el régimen el concepto de “socialismo” en estos momentos puede dar cabida a cualquier cosa, desde el engendro norcoreano hasta modelos de socialismo moderno y democrático como se practican actualmente en Suecia o en España.

Y aunque, aparentemente, el proyecto neocastrista no se acercará a ninguno de los extremos arriba mencionados, tiende claramente a alejarse del comunismo leninista o la barbarie de Stalin en lo que a la economía se refiere.

El mismísimo general-presidente dejó la puerta abierta en este sentido al proclamar:

“Los clásicos del marxismo leninismo al proyectar los rasgos que debían caracterizar la construcción de la nueva sociedad, definieron, entre otros, que el Estado, en representación de todo el pueblo, mantendría la propiedad sobre los fundamentales medios de producción.

Nosotros absolutizamos ese principio y pasamos a propiedad estatal casi toda la actividad económica del país. Los pasos que hemos venido dando y daremos en la ampliación y flexibilización del trabajo por cuenta propia, son el fruto de profundas meditaciones y análisis y podemos asegurar que esta vez no habrá retroceso”.

De la misma manera, también acaba de decir claramente en la Asamblea Nacional:

“La construcción del socialismo debe realizarse en correspondencia con las peculiaridades de cada país. Es una lección histórica que hemos aprendido muy bien. No pensamos volver a copiar de nadie, bastantes problemas nos trajo hacerlo y porque además copiamos mal; aunque no ignoramos las experiencias de otros y aprendemos de ellas, incluyendo las positivas de los capitalistas”.

Un instante antes había dicho:

“Más claro ni el agua, aunque no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

Bueno, sería más claro que el agua si aquí se estuviera hablando de motores de combustión interna, raíz cuadrada o química inorgánica, pero si se le pregunta a cualquier cubano en la Isla en estos momentos, desde los del buró político a los de a pie, ¿qué es el socialismo?, es muy probable que haya tantas respuestas como respondedores, porque es un concepto demasiado arcano, que nadie tiene claro, no solamente en el país, sino en el mundo después que derrumbaron el Muro de Berlín (que no se cayó solo, recordemos), que la Unión Soviética “se desmerengó”, y que chinos y vietnamitas descubrieron que el socialismo mezclado con mercado es mejor que en straight.

No por casualidad la izquierda con urticaria ataca al régimen en estos momentos por haber “traicionado los principios revolucionarios”. Incluso dentro de Cuba, hace muy poco un grupo denominado “colectivo de autores de Santa Clara” acaba de declarar:

“Consideramos un paso de avance la discusión por el pueblo de los lineamientos. Apoyamos reducir el voluntarismo desmedido, el monopolio estatal, la diversificación de las formas de propiedad y gestión, dinamizar el empleo y el ingreso, pero consideramos negativo el pragmatismo desideologizado y aumentar exponencialmente el mercado sin mecanismos de control y democracia obrera, Consideramos negativos olvidar otros asuntos tan vitales como la economía, consideramos insuficientes los mecanismos de protección social y consideramos que hay que dar el ejemplo. Primero eliminar gastos y estructuras superfluas en el Partido, el estado y las organizaciones de masas”.

Y es que hay un problema conceptual muy serio en todo esto. Cuando un comunista cubano considere, por ejemplo, que los peloteros del país deberían poder jugar en las ligas profesionales en el extranjero, ¿será conceptualizado como un ciego que no quiere ver y que debe ser disciplinado con presiones y sanciones, o se le reconocerá el derecho a no querer ignorar experiencias de otros y aprender de ellas, incluyendo las positivas de los países capitalistas?

El ya mencionado colectivo de autores de Santa Clara apunta:

“Algo no anda bien cuando la política que se propone tiene el inevitable costo de coger a la generación que ha consolidado y preservado la revolución y que hoy esta entre los 55 y 60 años y lanzarla a la incertidumbre y a la miseria con la rebaja de los gastos sociales, mientras los jefes y las élites siguen siendo jefes y élites con prebendas cada día más amplias y no se retiran bajo ningún concepto. Y ya existen noticias de los intentos por coyundear la discusión de los lineamientos violando las claras palabras del actual presidente sobre los aspectos democráticos de esta discusión”.

Entonces, ¿hasta dónde se puede pensar que se mantendrán los siguientes conceptos expresados por Raúl Castro en la Asamblea Nacional?:

“No hay que temerle a las discrepancias de criterios y esta orientación, que no es nueva, no debe interpretarse como circunscrita al debate sobre los Lineamientos; las diferencias de opiniones, expresadas preferiblemente en lugar, tiempo y forma, o sea, en el lugar adecuado, en el momento oportuno y de forma correcta, siempre serán más deseables a la falsa unanimidad basada en la simulación y el oportunismo. Es por demás un derecho del que no se debe privar a nadie.

Mientras más ideas seamos capaces de provocar en el análisis de un problema, más cerca estaremos de su solución apropiada”.

¿Quién y cómo definirá “el lugar adecuado, en el momento oportuno y de forma correcta”. ¿Hasta dónde realmente esta autorización para el debate? ¿Hasta que el “amigo” Machado Ventura le “pase la cuenta” al discrepante, acusándolo de indisciplinado, o hasta que el discrepante le pueda pasar la cuenta a todo lo que representa Machado Ventura como burocratismo partidista, imposición, arbitrariedad, falta de democracia, palabrería hueca, mediocridad, y desprecio a los subordinados?

¿Qué será considerado como “solución apropiada? ¿La que se ajuste a los cánones de la seudo-teología neocastrista, o la que realmente tenga méritos propios para resolver algún problema específico, aunque requiera modificar los objetivos o criterios iniciales?

Visto superficialmente, esa sería la prueba de fuego para las palabras del general-presidente, que pronunció él mismo, sin que nadie se lo ordenara o se lo pidiera: él personalmente marcó la altura del listón.

Sin embargo, sabemos que son solamente palabras para la galería y la prensa lerda. Ya las decisiones se han tomado mucho antes por quienes realmente las toman, y lo que se hable sobre “democracia” y se proponga en los “debates” será solamente paisaje, como siempre, que administra el departamento de escenografía y maquillaje del régimen, también conocido como Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR) del Partido Comunista.

No hay nada que esperar de la inútil Asamblea Nacional del Poder Popular, que se ha prestado una vez más, como es su deber, para la caricatura totalitaria: solamente para eso fue creada.

En momentos que las hordas chavistas y sus fuerzas de seguridad reprimen a los estudiantes venezolanos que protestan por la descarada eliminación de la autonomía universitaria, esa Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba acaba de emitir una declaración de condena a la represión de estudiantes universitarios en… Puerto Rico. “Hagamos posible poner fin a esta injusticia contra nuestros hermanos puertorriqueños”, ha dicho la autista Asamblea del régimen totalitario.

¿Con tales sicofantes en el “parlamento” cubano, alguien podrá creer de verdad que “no hay que temerle a las discrepancias de criterios”? Con tamaña estulticia de esos “diputados” del régimen ¿puede haber alguna decisión que sirva para algo?

Los cubanos, nada tontos, no morderán este anzuelo una vez más. Vivir para ver.

Sin embargo, no anticipemos conclusiones y observemos, que la comprobación de este aserto está mucho más cercana de lo que se pueda suponer en este momento.

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